lunes 10 de agosto de 2020 - Edición Nº614

Noticias | 3 abr 2020

Sugerencias del Arzobispo para este tiempo de Cuarentena


El Arzobispo Víctor Manuel Fernández apuntaló una serie de consejos para que en este tiempo de Cuarentena obligatoria, nos ayuden a sentirnos mejor:

Para vivir en el encierro

 

Nos cuestan estos días de encierro, y para colmo no sabemos cuándo terminarán. Por eso, te paso cinco consejitos que pueden servirte. A mí me funcionan.

1. No arrastrar la ansiedad:

Estábamos ansiosos cuando teníamos mucho que hacer y ahora que no tenemos nada que hacer no frenamos aquella ansiedad, nos sigue acelerando. Cuántas veces dijiste que soñabas con tener tiempo para leer, o para rezar sin apuros, o para volver a escuchar aquella música, o para tomar un té tranquilamente en tu casa. Ahora te sobra el tiempo y sin embargo comés a las apuradas, sin disfrutar, te cuesta concentrarte en la lectura, no aguantás muchos minutos en paz. Esto finalmente hará que el encierro se te vuelva insoportable. Hay que tratar de detener esa ansiedad, alcanzar la calma interior, sino muy pronto se te acabará la caja de Rivotril.

Entonces dale a cada cosa su tiempo, respirá tranquilo, no hace falta acelerarte porque te sobrará tiempo. Si te cuesta mucho distenderte por dentro, y tu mente sigue acelerada, intentá con unos viejos consejos orientales: Sentado, concéntrate en tu respiración un buen rato, percibí el aire que entra y que sale sin pensar en nada, dejá de lado los razonamientos, sólo sentí el aire que entra y que sale. Si esto no alcanza, sentate cómodo con las manos encima de las piernas, y recorré lentamente todo tu cuerpo diciendo; “relajate”. Concentrate en una pierna, sentila pesada, cayendo por su peso como una piedra, y decile “relajate”. Luego hacelo con cada brazo, con la espalda, etc.

2. Algunas horas de tareas:

El ocio no se disfruta cuando todo es ocio. Hace falta también un tiempo de trabajo. Entonces, todos los días ocupá varias horas para hacer tareas: puede ser la limpieza, puede ser acomodar cosas, puede ser seleccionar viejos papeles, puede ser hacer una selección de canciones, puede ser trabajar en el patio, puede ser hacer gimnasia, puede ser escribir algo (¿qué te gustaría dejarles escrito a tus amigos y familiares si te murieras?). Puede ser llamar a una persona mayor que esté sola. También puede ser lavar la ropa, disfrutar un rato duchándote, aprendiendo a cocinar algo nuevo, preparar tareas que tendrás cuando esto pase, etc. En todo caso combiná: no estés tres horas en la tele, o en la computadora, o chateando. Alterná distintas actividades. Pero hacé todo poniendo el cuerpo y el alma en cada cosa, una cosa por vez y con todo tu ser ahí.

3. Frenar el miedo:

No hace bien leer demasiado sobre el virus, porque hay información exagerada, muchas noticias falsas, y es muy poco lo que sabemos. Tampoco hace bien hablar demasiado sobre este asunto, para que no se convierta en lo único de tu vida. Tu vida, aun en este contexto, es más que el virus. Si no, es inevitable que te domine el miedo, que empieces a imaginar lo que podría pasar. Pero no hace bien vivir pendiente del mañana, y además no sirve para nada. El Evangelio enseña que “a cada día le basta con su propio mal”.

A los creyentes nos sirve ejercitar la confianza, esa confianza del corazón que no se apoya en nada, que no necesita pruebas ni seguridades para quedarse en los brazos de Dios sabiendo que todo terminará bien.

En todo caso, los que sí tienen que pensar en mañana son los pobres, porque se les acaba la comida esta noche. Pensá en ellos y compartí algo de lo que tenés. Caritas sigue funcionando.

4. Ojo con los nerviosismos y la intolerancia:

Junto con la ansiedad, es posible que crezcan los nerviosismos, y que empieces a irritarte por cualquier cosa. Decile “no” a la violencia interior, porque si crece, cuando aparezca un mosquito te morirás de un infarto. Estos días es posible que te empiecen a irritar cosas menores, y que pierdas la paciencia con los seres queridos y con todo el mundo. Entonces también empezarás a juzgar a todos, pensarás que están haciendo todo mal, que las autoridades están equivocadas, que tal es egoísta, que el otro es un tonto, etc. Si un jóven inquieto viola la cuarentana habrá que encerrarlo, pero no considerarlo un criminal de guerra.

Esta situación nos sorprendió a todos y está bien claro que nadie tiene la varita mágica ni conoce toda la verdad. Cada uno hace lo que puede y muchos se equivocan por debilidad. La humildad te ayudará a no entrar en una espiral de violencia.

5. Mantené la dignidad y la elegancia:

Aunque estés solo o encerrado con alguien, seguí cuidándote a vos mismo. Lavá tu ropa, péinate, aféitate. Las mujeres arréglense, aunque sólo las vea su marido o un hijo que les haga una videollamada. No caigas en el abandono y la dejadez. A menudo recuerdo el relato de unos judíos que estuvieron en los campos de concentración.  Ellos cuentan que sobrevivieron porque no cayeron en el abandono: no arrastraban los pies para caminar, no descuidaban su limpieza, no andaban con la cabeza gacha, porque sabían que el día que lo hicieran comenzarían a sentirse indignos. Vos valés mucho, viví con esa conciencia también en el encierro. Y si sos creyente recordá que tu valor es infinito porque hay un Dios que te ama infinitamente.

 

Mons. Víctor Manuel Fernández

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